Homilía: Miércoles de Ceniza - Parroquia Nuestra Señora del Carmen, Juan Díaz




*Mons. Jose Domingo Ulloa Mendieta, OSA 18 de febrero 2026*

_Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús_:

Hoy iniciamos, junto a toda la Iglesia universal, este tiempo santo de la Cuaresma. Que no es simplemente un cambio en el calendario litúrgico; es una oportunidad concreta de gracia, un tiempo que Dios nos regala para detenernos, revisar la vida y volver a lo esencial.

En medio de la realidad que vivimos en Panamá —con sus desafíos sociales, económicos, familiares y también eclesiales— esta Cuaresma no puede ser un rito más. Tiene que ser un despertar del corazón.

El profeta Joel nos lo ha dicho con claridad: «Conviértanse a mí de todo corazón». No se trata solo de cambiar algunas cosas externas; se trata de volver la mirada hacia Dios, reconocer nuestras fragilidades y permitir que Él sane lo que está herido.

El salmo nos hacía repetir: «Misericordia, Señor, porque hemos pecado». Y esa es la gran noticia: nuestro Dios no se cansa de perdonar. En un país donde muchas veces se pierde la confianza en las instituciones, donde vemos corrupción, violencia, divisiones y desencantos, la Cuaresma nos recuerda que Dios sigue creyendo en nosotros. Él sigue apostando por el corazón humano.

No olvidemos que la Cuaresma es un camino. No es un tiempo aislado. Es un itinerario que nos conduce hacia la Pascua. Todo desemboca en la Semana Santa, en esos días santos en que contemplamos la pasión, muerte y resurrección del Señor. Y esa es nuestra esperanza: la historia no termina en la cruz. La última palabra la tiene la vida.




Panamá necesita hombres y mujeres de esperanza. Familias reconciliadas. Jóvenes con ideales altos. Servidores públicos con conciencia recta. Cristianos coherentes.

Y para que este camino tenga sentido, el Evangelio nos propone tres actitudes muy concretas: oración, ayuno y limosna.

1. La oración: volver a lo esencial

Vivimos en una sociedad acelerada, hiperconectada, pero muchas veces desconectada de Dios. Se puede estar bautizado y, sin embargo, vivir como si Dios no existiera.Intensificar la oración significa recuperar el diálogo con el Señor. Dedicar tiempo al Sagrario. Participar con mayor conciencia en la Eucaristía. Rezar en familia. Abrir la Biblia. Guardar silencio interior.

Panamá necesita más oración. Porque cuando un pueblo ora, se purifica. Cuando una familia ora, se fortalece. Cuando un joven ora, encuentra rumbo.

2. El ayuno: educar el corazón

El ayuno no es solo dejar de comer carne un día. Es aprender a dominar lo que nos domina. Ayunar del egoísmo. Ayunar de la mentira. Ayunar de la crítica destructiva. Ayunar de la indiferencia ante el que sufre.

En una cultura que promueve el consumo inmediato, el ayuno nos enseña que no todo deseo debe convertirse en necesidad. Nos recuerda que dependemos de Dios y que no somos autosuficientes. El ayuno fortalece el espíritu y nos hace más libres.

3. La limosna: compartir y comprometernos

La limosna no es solo dar dinero. Es compartir tiempo. Escuchar. Acompañar. Visitar al enfermo. Tender la mano al migrante. Apoyar al que no tiene oportunidades.

Nuestra tierra panameña ha sido siempre tierra de paso y de encuentro. La Cuaresma nos invita a que sea también tierra de solidaridad.

Cuando compartimos, nos parecemos más a Cristo.





Hoy, al recibir la ceniza, escucharemos una de estas frases:

«Recuerda que eres polvo y al polvo volverás» o «Arrepiéntete y cree en el Evangelio».

La ceniza nos recuerda que somos frágiles, que la vida es pasajera. Pero también nos recuerda que estamos llamados al cielo, que nuestro destino es la casa del Padre.

No estamos hechos para la mediocridad. Estamos hechos para la santidad.

Queridos hermanos, que esta Cuaresma no pase de largo. Que no sea solo tradición. Que sea transformación. Que, en nuestras parroquias, en nuestras familias, en nuestras comunidades, se note que estamos caminando hacia la Pascua.

Que Panamá pueda sentir que los cristianos estamos tomando en serio el Evangelio.





La ceniza que hoy recibimos tiene un significado profundo. No es un simple símbolo externo ni una costumbre religiosa más. La ceniza proviene de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año pasado, aquellas con las que proclamamos a Jesús como Rey.

Hoy esas mismas palmas se han convertido en ceniza. ¿Qué nos dice esto? Que la gloria humana es pasajera, que los aplausos se desvanecen, que todo lo que parece firme puede volverse polvo.

La ceniza nos recuerda nuestra fragilidad, nuestra condición de criaturas, pero también nos recuerda algo más grande: que Dios puede transformar nuestras cenizas en vida nueva.

En una sociedad que muchas veces vive de apariencias, la ceniza nos habla de verdad, de humildad, de autenticidad.

Nos invita a reconocer quiénes somos ante Dios y a dejar que Él reconstruya lo que está roto en nosotros.

Pidámosle al Señor que esta Cuaresma sea un verdadero tiempo de conversión para nuestra Arquidiócesis, para nuestra Iglesia y para nuestro país. Que lleguemos a la Semana Santa con el corazón más limpio, más reconciliado, más comprometido.


*+Mons. José Domingo Ulloa Mendieta*

*_Arzobispo de Panamá_

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