Leer juntos: Cuando una historia une generaciones
Por: Adriana Paredes
Gerente Divisional de Comunicaciones Corporativas de Arcos Dorados
Muchos de los recuerdos que atesoro de mi infancia nacen de la belleza silenciosa de lo cotidiano, instantes simples que con el tiempo adquirieron un significado profundo y perdurable: leyendo un libro junto a mi madre, una historia corta antes de dormir junto a mi hermana, otras veces un cuento que terminábamos comentando entre risas o preguntas.
En ese momento no lo pensaba demasiado. Para mí era simplemente parte de la rutina familiar. Con el tiempo entendí que esos momentos no solo me acercaron a los libros; también me enseñaron algo más profundo: que las historias tienen el poder de unir generaciones. En mi caso, compartir lecturas con mis hijos —leer juntos e invitarlos a descubrir el mundo de los libros— ha sido una de las formas más significativas para acercarnos. La lectura se ha convertido en un espacio de encuentro donde no solo compartimos historias, sino también conversamos, intercambiamos opiniones, dudas e intrigas, es un espacio seguro donde soñamos despiertos y nuestra creatividad e imaginación se trabaja como pocas veces nos atrevemos.
Nos encontramos en un presente donde se suele enfatizar lo que separa a las generaciones, una realidad en donde los libros ofrecen lo contrario: la posibilidad de descubrir afinidades, abrir conversaciones y construir complicidades, sobre todo para generaciones distintas. Lo que muchas veces parece distanciarnos nos puede encontrar en un punto medio.
Diversos estudios de organizaciones como UNESCO, UNICEF y el Banco Mundial han demostrado que los niños que crecen en hogares donde hay libros y donde la lectura se comparte con adultos desarrollan mejores habilidades de comprensión, mayor vocabulario y vínculos familiares más fuertes. La lectura en voz alta, además, estimula la imaginación, fortalece la atención y crea espacios de conversación entre padres e hijos. En mi caso, a lo largo de los años he sido testigo del poder transformador de la lectura, profundamente arraigado en mi historia familiar. Mi abuelo, Manuel Ferrer Valdez, fue escritor y sus cuentos forman parte de antologías de escritores panameños, y mi padre, Antonio Paredes Villegas, galardonado dos veces con el Premio Ricardo Miró en las categorías novela y cuento, sembraron en mí y mi hermana una relación íntima con los libros. Gracias a ellos, la lectura era en mi hogar un lenguaje común que nos une como familia, un vínculo que hemos tenido la dicha de heredar a las nuevas generaciones y demostrando, con el paso del tiempo, que sus frutos son tan duraderos como significativos.
En otras palabras, leer juntos no es solo una actividad educativa. Es también una forma de conexión. Por eso creo que hoy más que nunca vale la pena volver a crear esos momentos. A veces basta con algo tan simple como compartir un cuento durante un momento tranquilo del día. Esos minutos pueden convertirse en recuerdos que los niños guardarán durante toda la vida, como yo guardo los míos.
Es por esto que me inspira trabajar desde una empresa que facilita y acerca la lectura a sus consumidores, ya que desde Arcos Dorados tenemos el programa de Cajita Feliz Libros, una oportunidad donde las familias que adquieren una Cajita Feliz pueden elegir entre un juguete o un libro, acercando la literatura infantil a espacios cotidianos donde ya ocurren encuentros familiares. En más de una década, el programa ha entregado más de 25 millones de libros en América Latina, y solo en Panamá se han distribuido más de 100,000 libros en los últimos cuatro años.
Cada libro es una oportunidad para abrir una historia… y también una conversación. La colección que presentamos este año tiene además un significado especial para muchas familias latinoamericanas. Inspirada en el universo de El Chavo animado y sus cinco personajes icónicos. Para muchos adultos, esas historias forman parte de su infancia. Para los niños, pueden convertirse en una puerta de entrada al mundo de la lectura. Esa es precisamente la magia de las historias compartidas: permiten que una generación le entregue a la siguiente algo más que un libro. Le entrega tiempo, atención y memoria.
Tal vez por eso sigo creyendo en esos momentos sencillos que viví cuando era niña. Porque más allá de las pantallas, las agendas llenas o las distracciones del día a día, leer juntos sigue siendo una de las formas más simples y poderosas de encontrarnos como familia. Y a veces, sin querer queriendo, un libro puede ser el comienzo de ese encuentro.

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