Homilía Domingo de Resurrección (Ciclo A)



Queridos hermanos y hermanas, especialmente a ustedes que nos siguen a través de la televisión nacional, en sus hogares, en un hospital, en su trabajo o desde cualquier lugar: reciban mi cercanía, mi oración y mi bendición en este día santo. ¡Feliz Pascua de Resurrección! ¡Cristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!

Hoy no celebramos una idea. No celebramos un símbolo. No celebramos un recuerdo. Celebramos un acontecimiento real que lo cambia todo. Por eso, San Pablo lo dice con una fuerza que no admite dudas: “Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe”.

Hermanos y hermanas, detengámonos en esto. Si Cristo no ha resucitado, todo lo que creemos se derrumba. Nuestra esperanza sería una ilusión. Nuestra fe sería un consuelo vacío. Nuestro caminar no tendría sentido.




Pero Cristo ha resucitado. Y esa es la diferencia. Porque si Cristo vive, nada es igual. La Resurrección no es el final de la historia de Jesús; es el inicio de una historia nueva para la humanidad.

Los discípulos lo entendieron así. Pasaron del miedo al coraje, del encierro a la misión, de la tristeza al anuncio valiente. ¿Por qué? Porque no encontraron solo una tumba vacía, encontraron al Viviente.

Y aquí está una clave fundamental; la fe cristiana no nace de una tumba vacía, nace de un encuentro con Cristo vivo. Por eso hoy, la Pascua no se puede reducir a una tradición, ni a un sentimiento bonito, ni a una celebración cultural.


La Pascua es una experiencia

La Pascua es una experiencia. Una experiencia que transforma, que renueva la vida.

Hermanos: Cristo Resucitado está aquí, en medio de nuestra vida. No viene a recordarnos nuestras caídas, viene a levantarnos. No viene a señalarnos nuestras heridas, viene a sanarlas. No viene a dejarnos igual, viene a hacerlo todo nuevo.

Aquí está la esencia de la Resurrección: donde Cristo entra, la vida renace. Pero seamos sinceros. Muchas veces vivimos como si Cristo no hubiera resucitado. Vivimos con miedo. Vivimos atrapados en el pasado. Vivimos resignados. Vivimos sin esperanza. Y eso es lo que hoy el Señor quiere romper.

Por eso, la primera palabra de la Pascua sigue resonando con fuerza: “No tengan miedo”. No tengas miedo de tu historia. No tengas miedo de tus heridas. No tengas miedo de empezar de nuevo. Porque Cristo ha vencido aquello que tú temes.

Y esta verdad no es solo para la vida personal. Es también para nuestro país. Panamá necesita experimentar la Resurrección. Panamá necesita esperanza. Y no como un discurso vacío, sino como una urgencia real. Por eso esta fiesta de la Pascua nos da la oportunidad para que creyentes, hombre y mujeres de buena voluntad nos Preguntémonos, sinceramente: ¿Qué sepulcros necesitamos abrir en Panamá?

El sepulcro de la indiferencia… cuando el dolor del otro ya no nos conmueve. El sepulcro de la corrupción que roba esperanza y cierra el futuro a tantos. El sepulcro de la violencia, que se mete en nuestros barrios, en nuestros hogares, y nos roba la paz. El sepulcro de la desesperanza, que susurra a muchos jóvenes que no vale la pena soñar. El sepulcro de la exclusión, donde quedan enterrados los pobres, los privados de libertad, los descartados. El sepulcro de la fe apagada, cuando creemos sin vivir, cuando celebramos sin comprometernos.


Y preguntémonos, también con sinceridad, ¿cuáles son las piedras que cierran esos sepulcros?

La piedra del egoísmo, que nos hace vivir solo para nosotros mismos. La piedra del miedo, que nos paraliza y nos hace creer que nada puede cambiar. La piedra de la impunidad, que protege lo que está mal y desalienta lo que es justo.

La piedra de la división, que nos enfrenta como hermanos y debilita el tejido social. La piedra del conformismo, ese “siempre ha sido así” que mata toda esperanza de transformación. Y quizás la más pesada de todas, la piedra de un corazón endurecido, que ya no escucha, que ya no ama, que ya no cree.

Pero hoy, en este día, no olvidemos esto; no hay piedra que Dios no pueda mover. No hay sepulcro que Él no pueda abrir.





La Resurrección no es solo un hecho del pasado, es una fuerza viva que quiere irrumpir en Panamá hoy.

Cristo sigue pasando y sigue preguntando: “¿Quién removerá la piedra?” Y la respuesta, hermanos, no vendrá solo del cielo, vendrá también de nosotros. De hombres y mujeres que se atrevan a creer, que se atrevan a cambiar, que se atrevan a amar, incluso cuando cuesta.

Porque cuando un corazón se abre, cuando una vida se transforma, cuando alguien decide hacer el bien, la piedra comienza a rodar y el sepulcro empieza a abrirse.

Que esta Pascua no sea solo una celebración, que sea una decisión. Y que Panamá entera pueda experimentar que Cristo ha resucitado y sigue resucitando en medio de su pueblo.


Es la hora de los discípulos del Resucitado.

Panamá necesita cristianos y ciudadanos audaces, capaces de vivir su fe en lo público, de actuar con coherencia, de optar por el bien incluso cuando cuesta. Personas que no callen ante lo incorrecto, que no negocien la verdad, que no se acostumbren a la injusticia. Porque la Pascua no es solo un anuncio, es una forma de vivir.

Solo así se reconstruye un país. Solo así se recupera la confianza. Solo así la fe deja de ser costumbre y se convierte en vida que transforma.

Cristo ha resucitado, y eso no es un dato del pasado; es una fuerza que sigue actuando hoy. Una fuerza que nos empuja a levantarnos, a reconstruir, a no rendirnos.

Porque quien camina con Cristo no vive paralizado. Y quien se deja transformar por Él, se vuelve capaz de cambiar la historia.





La Resurrección comienza contigo

La Resurrección comienza contigo, pero no se queda en lo íntimo; se verifica en la vida concreta. Si creemos en Cristo resucitado, esa fe tiene que notarse en cómo vivimos, en cómo decidimos, en cómo actuamos. Un cristiano que ha resucitado con Cristo no puede vivir de espaldas a la verdad ni acomodarse a lo incorrecto.

Si somos un país que se reconoce cristiano, esa identidad no puede quedarse en lo cultural. Tiene que reflejarse en la honestidad, en la responsabilidad, en el respeto, en la manera de ejercer un cargo, en la forma de servir.


La fe no es un adorno; es un criterio de vida.

Y también quien no se reconoce creyente está llamado a actuar con ética, con rectitud, con responsabilidad. La construcción de un país más justo depende de personas que eligen el bien en cada decisión.

Por eso, la Resurrección se hace visible cuando alguien actúa con transparencia, cuando alguien no negocia la verdad, cuando alguien hace lo correcto, aunque nadie lo esté viendo. Ahí comienza lo nuevo.




Un agradecimiento que también es Pascua 230 años de consagración

Hoy, damos gracias a Dios porque nuestra Catedral Basílica Santa María la Antigua cumple 230 años de su consagración. No es solo una fecha histórica, es un signo de la fidelidad de Dios en medio de su pueblo. Durante más de dos siglos, esta Catedral ha sido casa de fe, de consuelo y de encuentro con Cristo. Aquí generaciones han orado, han llorado, han dado gracias y han experimentado que Dios camina con su pueblo. Y en este tiempo de Pascua lo comprendemos mejor; si esta Catedral permanece en pie, es porque está fundada en Cristo Resucitado, la verdadera roca.

Pero hoy también recordamos que nosotros somos las piedras vivas de esta Iglesia. Por eso, más que celebrar un aniversario, estamos llamados a renovar nuestro compromiso de ser una Iglesia viva, acogedora y misionera. Que esta Catedral no sea solo un edificio que admiramos, sino una fe que vivimos.



La Pascua se construye con manos concretas.

Porque la Pascua también se construye con manos concretas. Agradecemos a Medcom, TVN Media, Hispania TV, Nextv y a FETV, señal madre de estas celebraciones, a las emisoras católicas Radio Hogar, Radio María y Radio Claret, a Panorama Católico y a todos los comunicadores sociales que han hecho posible que este mensaje llegue a cada hogar.

Gracias a las cofradías, a los organizadores, a los cargadores. Lo que hemos visto no es solo tradición; es fe viva, es catequesis en movimiento, es el Evangelio caminando por nuestras calles.

Gracias también al equipo humano de esta Catedral Basílica Santa María la Antigua, que con dedicación silenciosa ha hecho posible cada celebración con dignidad y profundidad.

Hoy no estamos celebrando una noticia más; estamos proclamando la noticia que lo cambia todo. ¡Cristo ha resucitado! Y esto no es una frase, es una fuerza viva, es una certeza que irrumpe incluso donde parecía que todo había terminado.


Por eso hoy quiero hablarte a ti, sí, a ti que me escuchas desde tu casa, desde un hospital, desde tu trabajo o incluso desde una celda. A ti que cargas cansancio, heridas, dudas o miedo; no estás condenado a quedarte como estás. Tu historia no está cerrada. Tu vida no está perdida. Porque si Cristo ha resucitado, tu vida puede resucitar.

Levántate del miedo. Levántate del pasado. Levántate de lo que te paraliza. No vivas como si la tumba estuviera cerrada; ¡la tumba está vacía! Y desde esa tumba vacía, Dios hoy te dice: “Yo hago nuevas todas las cosas”.

Panamá, escúchalo bien; no estamos destinados a la división ni a la desesperanza. Somos un pueblo llamado a levantarse. Somos un pueblo que puede renacer. Somos un pueblo que, con Cristo vivo, puede escribir una historia distinta.

Pero esto comienza hoy. Comienza contigo. Cuando decides creer, cuando decides actuar, cuando decides no rendirte.

Por eso, en esta mañana de Pascua, desde esta Catedral Basílica y en este Año Jubilar de nuestros cien años como Arquidiócesis, lo proclamamos con fuerza para todo el país:

¡Cristo ha resucitado!

¡Verdaderamente ha resucitado!

Y si Él vive, nada está perdido.

Si Él vive, tu vida puede cambiar.

Si Él vive, Panamá puede levantarse.

No tengas miedo. Vive. Cree. Levántate.

Porque Cristo vive…

y hoy te llama a vivir.


† JOSÉ DOMINGO ULLOA MENDIETA, O.S.A.

ARZOBISPO METROPOLITANO DE PANAMÁ

Comentarios

Entradas populares de este blog

Panamá mejora su posición en el índice de complejidad empresarial y se posiciona como hub regional de inversión

Sindicatos y organizaciones comunitarias de Coclé se unen en defensa del futuro del sector minero en Panamá

UAF capacita a 8 mil 775 enlaces de diversos sectores económicos