APEDE: El agua debe convertirse en una prioridad nacional de Estado



La Voz de APEDE 

 Somos uno de los países con mayor disponibilidad de agua de la región, pero miles de panameños continúan enfrentando problemas diarios de abastecimiento, mientras se pierden millones de galones por fugas, persisten deficiencias en saneamiento y la gestión del recurso sigue fragmentada entre múltiples instituciones. Cada gobierno ha sugeridos soluciones que se diluyen en el tiempo, mientras se agravan los problemas de las comunidades por la falta de agua.

El desafío quedó claro durante el Foro de Ambiente 2026 de APEDE:  la crisis del agua en Panamá ya no responde a su disponibilidad, sino de la falta de gobernanza, planificación y ejecución efectiva. El agua dejó de ser un tema exclusivamente ambiental para convertirse en un asunto de competitividad, salud pública, desarrollo económico y seguridad nacional.

Los datos son contundentes. Se estima que diariamente se pierden entre 120 y 130 millones de galones de agua debido al deterioro de la infraestructura y la falta de mantenimiento. Mientras tanto, miles de familias siguen dependiendo de camiones cisterna, pozos improvisados o incluso de fuentes naturales para abastecerse. Esta realidad resulta inaceptable para un país que aspira a consolidarse como hub logístico, turístico y de inversión.

La situación se vuelve aún más relevante cuando observamos los retos que impone el cambio climático: menores precipitaciones, períodos de sequía más prolongados y una creciente demanda de agua obligan a Panamá a tomar decisiones estratégicas hoy para evitar crisis mayores mañana.

Las 52 cuencas hidrográficas del país enfrentan desafíos distintos y requieren soluciones diferenciadas, sustentadas en información, monitoreo y planificación de largo plazo. En este contexto, el proyecto de Río Indio representa una de las decisiones más importantes para el futuro del país.

La iniciativa impulsada por el Canal de Panamá busca garantizar el abastecimiento de agua potable para más de dos millones de personas y fortalecer la sostenibilidad operativa de la vía interoceánica frente a los efectos del cambio climático. Más allá de una obra de infraestructura, se trata de una inversión en la seguridad hídrica nacional y en la competitividad de Panamá para las próximas generaciones.

 

Sin embargo, ninguna obra por sí sola resolverá el problema. Durante el foro de APEDE que se desarrolló con el tema “Agua, capital y nuevas tecnologías: pilares del desarrollo económico”, quedó en evidencia que uno de los principales desafíos sigue siendo la fragmentación institucional.

Actualmente, múltiples entidades intervienen en distintas etapas del ciclo del agua, desde la protección de cuencas hasta el abastecimiento, saneamiento, monitoreo y regulación. Esta dispersión dificulta la coordinación, retrasa proyectos y limita la capacidad de respuesta ante los problemas que enfrentan los ciudadanos.

Por ello, desde APEDE y el sector privado consideramos que Panamá debe avanzar hacia una visión integral del recurso hídrico. En esa línea, ya se han realizado acercamientos con distintos gremios para analizar el tema, construir consensos y propiciar la reactivación de la mesa intergremial. Consideramos indispensable fortalecer la gobernanza, mejorar la coordinación entre instituciones, modernizar los modelos de gestión, descentralizar la toma de decisiones y garantizar que las inversiones respondan a una estrategia nacional claramente definida.


También es necesario fortalecer la capacidad de ejecución y mejorar la inversión. El país requiere más eficiencia en el mantenimiento de la infraestructura existente, una reducción efectiva de las pérdidas de agua, sistemas modernos de monitoreo y una gestión basada en datos que permita anticipar riesgos y tomar mejores decisiones.


La experiencia del Programa de Saneamiento de Panamá demuestra que cuando existe continuidad en las políticas públicas, los resultados son posibles. Hoy cerca de 890 mil personas se benefician de sistemas modernos de tratamiento de aguas residuales y existen metas concretas para ampliar la cobertura en las próximas décadas. Ese mismo enfoque de largo plazo debe trasladarse a toda la gestión hídrica nacional.


El sector privado también tiene un papel fundamental. La sostenibilidad hídrica requiere corresponsabilidad. Las empresas pueden contribuir mediante prácticas de eficiencia, reutilización, medición y protección de cuencas, mientras que los ciudadanos debemos asumir un uso más responsable del recurso. El agua no puede seguir considerándose un bien infinito.


Panamá tiene la oportunidad de convertir la gestión del agua en uno de los grandes proyectos nacionales de esta generación. Si logramos hacerlo bien, no solo garantizaremos agua potable para millones de personas. También fortaleceremos la salud pública, atraeremos inversiones, impulsaremos el desarrollo de las provincias, protegeremos nuestros ecosistemas y construiremos un país más resiliente frente a los desafíos del futuro.


El agua no debe ser la próxima crisis nacional. Debe convertirse en una de las principales oportunidades para construir el Panamá que todos aspiramos a tener.

 

*Giulia De Sanctis*


Presidenta Asociación Panameña de Ejecutivos de Empresaa

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